¿Qué es el ladino (judeoespañol)? Su historia y los alfabetos utilizados
El ladino, también conocido como judeoespañol, es la lengua de una cultura «perdida» que ha desafiado a los siglos. Con raíces que se remontan a la España del siglo XV, es un legado fascinante que ha evolucionado al recorrer distintas geografías, pero que nunca ha desaparecido del todo. Entonces, ¿cómo surgió exactamente la lengua ladina? ¿Qué alfabetos se usaron para escribirla a lo largo de la historia y por qué hoy ha pasado al alfabeto latino?
En este artículo analizamos de cerca los orígenes del ladino, el legado de los judíos sefardíes, y la evolución de las escrituras con las que se ha escrito.

1. Origen e historia de la lengua ladina
El ladino es, en esencia, un derivado del español medieval (castellano) del siglo XV. Tras el Edicto de la Alhambra, firmado en 1492 por los Reyes Católicos Fernando e Isabel, los judíos de España (los sefardíes) fueron expulsados de su tierra.
Al emigrar a distintas regiones, sobre todo al Imperio otomano, pero también al norte de África, los Países Bajos e Italia, los sefardíes llevaron consigo el español del siglo XV. En estas nuevas tierras, la lengua se mezcló con el turco otomano, el hebreo, el árabe, el griego y varias lenguas balcánicas; con el tiempo desarrolló una identidad propia y pasó a conocerse como ladino.
Aunque durante siglos el ladino se conservó principalmente como tradición oral y lengua doméstica, con el tiempo se convirtió en una cultura escrita, presente en periódicos, literatura, prácticas religiosas y correspondencia personal.
2. Alfabetos utilizados para el ladino a lo largo de la historia
Según la región y la época, el ladino se ha escrito con diversos alfabetos y escrituras. Las principales formas utilizadas a lo largo de su historia son:
El alfabeto hebreo y la escritura rashi: Tras la expulsión y durante todo el período otomano, los textos en ladino se escribieron mayoritariamente con el alfabeto hebreo, de derecha a izquierda. Para los textos religiosos, las obras impresas y los periódicos se empleaba un tipo de letra específico de la familia de escrituras hebreas, conocido como «rashi». Solitreo (escritura cursiva): Para la comunicación cotidiana, la correspondencia personal y las notas privadas, la comunidad usaba el «solitreo», una forma cursiva y más fluida de la escritura hebrea (en cierto modo comparable al estilo *riq'a* de la escritura árabe). Mientras que la escritura *rashi* se enseñaba en las escuelas, en casa se solía recurrir al solitreo para escribir de manera rápida e informal.
La era moderna y el alfabeto latino: A partir de finales del siglo XIX, impulsado en gran medida por la influencia de la cultura francesa y las escuelas de la *Alliance*, comenzó a adoptarse el alfabeto latino. Hoy, con el fin de preservar esta lengua en peligro y hacerla más accesible a las nuevas generaciones, se utiliza exclusivamente el alfabeto latino (con un sistema fonético muy próximo al turco y al español).
Conclusión: un legado al borde del olvido
El ladino, que la UNESCO clasifica hoy como «lengua en peligro», es mucho más que un conjunto de palabras: representa una rica historia llena de coplas populares tradicionales, refranes, recetas y conmovedoras baladas sefardíes transmitidas por los antepasados. Sea cual sea el alfabeto con el que se escriba, el ladino sigue siendo un puente entre culturas.
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